01 Controlar el olor a cocina
El primer trabajo no es añadir aroma, sino evitar que la cocina invada la sala.
El olor a fritura, marisco o especias se cuela hacia la sala, se pega a la ropa del cliente y compite con lo que tiene en el plato. Antes de pensar en un aroma de marca hay que neutralizar esas notas de fondo con extracción, ventilación y una aromatización de negocios pensada para hostelería.
Cuando el aire de partida es neutro, todo lo demás funciona: el aroma que sí quieres transmitir se percibe limpio y los platos se saborean como deben.
02 Aroma de marca sin competir con los platos
El aroma acompaña la experiencia; nunca debe tapar la comida.
En un restaurante el protagonista es el plato. Por eso el aroma de sala se elige suave, en un registro que sume ambiente sin interferir con el olor de la comida ni con el vino. El marketing olfativo aquí es cuestión de matiz, no de intensidad.
Trabajamos una firma discreta para las zonas comunes (entrada, barra, aseos) y dejamos la sala en un nivel muy contenido, de modo que refuerce la identidad del local sin robar protagonismo a la cocina.
03 Difusión discreta en hostelería
El equipo debe pasar desapercibido y adaptarse al ritmo del servicio.
Un restaurante no es una tienda: la intensidad que funciona a mediodía puede sobrar en una cena tranquila. Los sistemas de difusión se programan por franjas y por zonas, con equipos silenciosos y sin residuo visible sobre las mesas.
Ajustamos el aparato al plano real del local para que el aroma llegue donde toca y no se acumule cerca de las mesas ni de la cocina.