01 Qué aroma elegir para un hotel
El aroma debe hablar el idioma de tu marca, no seguir una moda pasajera.
El punto de partida no es un olor «bonito», sino qué transmite tu hotel: cercanía, lujo sereno, energía mediterránea. De esa identidad sale la paleta olfativa, un trabajo de branding olfativo que traduce tu marca a una nota reconocible.
Conviene una firma flexible, capaz de modular su intensidad por zona pero manteniendo un hilo común, de forma que todo el hotel se perciba como un único ambiente.
02 El aroma en el viaje del huésped
La estancia es una secuencia de momentos, y el aroma los cose entre sí.
Entrada, recepción, ascensor, pasillo, habitación: cada paso es una ocasión para reforzar la misma sensación. Pensar el aroma como un recorrido, y no como un ambientador suelto, forma parte de nuestro método de trabajo.
Así el huésped no percibe golpes de olor aislados, sino una continuidad discreta que lo acompaña de principio a fin.
03 Difusión discreta en cada zona
El mejor aroma es el que se nota sin que se vea de dónde sale.
La difusión se calibra al volumen y la ventilación de cada sala para que sea constante y nunca agresiva. Acertar con los sistemas de difusión es lo que separa un aroma elegante de uno cargante.
Programamos intensidad y horarios por zona, de modo que el lobby respire distinto que una habitación o el spa, sin que ninguno se imponga sobre los demás.